Lleno de pasado


Al abrigo del doce de octubre, cuando las primeras luces del amanecer hagan su aparición, con una lluvia cegadora, Celedonia hará el amor. Siempre desde chica, quiso conocer las fauces de un buen misionero con el hombre de sus sueños. Así. Misionero y ya. Sin tanta yoga, ni tanto Kama Sutra. Los dos, cobijados con sus pieles de otoño, ella debajo, él arriba. En la calle el cielo desprendiendo una brisa como una laca fina de un aspersor. Por la ventana vería los cirros grises, dragones en blanco y negro y encima, el amor de su vida, bombeando la cadera con un ritmo lento, dejando que el roce hiciera llorar su vagina. Ya vieja, sin tanto tan, añora que ese doce de octubre se consagre, en cualquier año, pero sabe que la vida se acaba porque se llena de pasado.





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